sábado, 28 de marzo de 2015


LA SOMBRA DE NUESTROS ANTEPASADOS MUERTOS




Intro.

Yo solo entiendo amor de una sola manera. A tu lado. Yo solo entiendo amor sin tantas complicaciones, con los simples actos que rescatan que eres única. Pero también entiendo que la vida es una complejidad que no puedo terminar de analizar, algo que a veces necesito dejar de lado. Solo tú, eso es lo principal, solo tú.







Cuerpo.

También conocida como Los Corceles de Fuego, La Sombra de Nuestros Antepasados Muertos es la película más popular del director soviético Sergei Paradjanov. En la Unión Soviética, el realismo socialista era la única manera de interpretación del arte y que conllevaría a la adaptación de muchos artistas en estas bases, o en su defecto, a su condena. Incluso los directores más grandes que ha producido este país, como Eisenstein y Tarkovsky tuvieron que lidiar con las restricciones e imposiciones del gobierno, en algunos casos perdiendo filmes completos debido a la intolerancia del régimen. A lo largo de su vida Paradjanov habría sido detenido en diferentes oportunidades, siendo encerrado por siete años la primera vez. Aún así, Paradjanov fue un artista libre que contempló la mayoría de sus obras prohibidas, truncadas y olvidadas, pero que tendría una redención como uno de artistas más logrados de su época.






Antes de La Sombra de Nuestros Antepasados Muertos, Paradjanov se mantuvo en el cine por más de diez años. En esa época, el director soviético empezó a crear obras bajo el sentido de la política de su país, incluyendo cortometrajes y documentales. Sería a través de otro gran artista soviético, Andrei Tarkovsky, y su filme La Infancia de Iván (1962), que Paradjanov descubriría un nuevo sentido con respecto al cine y entendería que la única manera de establecer una ideología era creando algo propio. Debido a su lugar de nacimiento y a previos trabajos, Paradjanov tenía conocimiento de las tradiciones en Georgia y Ucrania, y utilizaría todo ello para darle un tinte poético a su filme.






La Sombra de Nuestros Antepasados Muertos estaría basada en la obra clásica de Mykhailo Kotsiubynsky, un escritor dedicado a la vida y costumbres ucranianas del siglo XX. Paradjanov enfatizó el tema costumbrista desde muchos puntos de vista, desde la naturaleza humana en cuanto a convivencia y enfrentamientos sociales hasta el detallismo en sus ritos, ceremonias y celebraciones. Ello también se vio reforzado por la música, el vestuario, ambientación, filmación en exteriores, entre tantos aspectos que el director soviético tomó en cuenta. En otras cuestiones formales, Paradjanov también tomó muy en cuenta el color. Así como la película se debate en muchos simbolismos, el color es parte de la emoción, de los rituales y de la tradición de los hutsules, un grupo étnico cultural que habitaba en las montañas de Ucrania. El colorido de las casas, de los trajes, en contraste con los campos, el la nieve y la naturaleza es clave. Así también el uso del blanco y negro para enfatizar ciertos momentos así como un magenta acrecentado para otros. La película sería tan original que el gobierno no puso impedimentos, inclusive fue presentada en el idioma ucraniano original, lo cual era algo inusual ya que todas las películas dentro de la Unión Soviética eran dobladas a ruso. Esta sería la única película en donde Paradjanov tendría completo control creativo.






La Sombra de Nuestros Antepasados Muertos es una propuesta poética, definida tanto en aspectos formales como en el contenido. Paradjanov busca mostrar la naturaleza de un pueblo a partir de símbolos, creando momentos de total armonía pero también de la severidad de los contenidos. Un conflicto, un tema amoroso y los azares de la realidad son motivaciones construidas por Paradjanov en total sincronía del hombre con su medio. Con un conocimiento bastante amplio de las costumbres de los hutsules y un total respeto, Paradjanov configura todo aquello que es parte de la vida a partir de una estética propia, enriquecida por el dominio total de su producto, algo que es prácticamente imposible en el cine, pero que permite a Paradjanov un total despliegue de sus recursos poéticos y estilísticos.






Datos.

Título Original: Tini Zabutykh Predkiv
Dirección: Sergei Paradjanov
Año: 1964
País: Unión Soviética
Intérpretes: Ivan Mykolaichuk, Larisa Kadochnikova, Tatyana Bestayeva, Spartak Bagashvili, Nikolay Grinko, Leonid Yengibarov, Nina Alisova
Duración: 97 min.

jueves, 19 de marzo de 2015


EL DULCE AROMA DEL ÉXITO




Intro.

¿Puedes oler las entrañas de esta ciudad? Puedes simplemente meter tu dedo y la pus empezará a emanar de todos los espacios, incluso de aquellos que crees que se mantienen limpios. La ciudad se pudre y existen algunos que la adoran, que no cambiarían su lugar por todo el oro del mundo, adoran ver el estreno en primera fila mientras la putrefacción sube por sus piernas y saber que son parte de todo ello… y saber que pueden sonreír con todos aquellos que sonríen mientras no existe nada decente en el mundo.




Cuerpo.

En los años cincuenta, la compañía Hecht Hill Lancaster produjo un grupo de películas influyentes y de una calidad artística muy denotada. Algunos de estos productos fueron éxitos instantáneos mientras que otros se convirtieron en filmes modestos que terminarían siendo obras muy apreciadas paran futuras generaciones. La compañía empezaría bajo el nombre de Norma Productions bajo la conducción de Burt Lancaster y su agente Harold Hecht. Después se convertiría en Hecht Lancaster y a mediados de los cincuenta se uniría James Hill. Entre estas producciones se destacan Veracruz (1954), Marty (1955), Trapecio (1956), Mesas Separadas (1958), Los que no perdonan (1960), El Hombre de Alcatraz (1962), entre otras.





El Dulce Aroma del Éxito sería una película muy criticada en su estreno, no teniendo la recepción esperada por parte de los productores. Con el tiempo el filme ha tenido una mejor aceptación. Su tono sarcástico y depresivo ha sido un reflejo más exacto de ciertas sociedades modernas y el enfoque realista de una ciudad importante ha sido una descripción de New York en momentos de cambio, pudiendo apreciarse algunos lugares históricos que ya no existen en estos tiempos. Así también la fotografía y la dirección han sido rescatadas de sus iniciales críticas, y la elección del reparto tanto como las actuaciones de Lancaster y Curtis han sido vistos bajo una nueva luz. En toda esta nueva óptica, el drama del director Alexander Mackendrick resalta por su atrevida aproximación al mundo periodístico.





Mackendrick fue un director escocés muy importante en Inglaterra en la etapa que los estudios Ealing se volvieron famosos por sus comedias sarcásticas e inusuales. Cuando a finales de los cincuenta Ealing no pudo mantener su calidad y los problemas financieros fueron un tema intratable, muchos de estos grandes directores tuvieron que emigrar, y para asegurar su trabajo de realizadores se vieron en la necesidad de anclar en Estados Unidos y lidiar, en su mayoría de casos, en estudios independientes. Mackendrick, alguien nunca acostumbrado a todos los detalles que involucraban a los estudios, se vio ante la difícil tarea de enfrentarse a todo ello, encontrando insatisfacción en dirigir y perdiendo proyectos debido a su incapacidad de resolver problemas puramente formales. Paulatinamente se fue alejando del cine por la televisión para finalmente dedicarse al profesorado.





La película, además del increíble guión de Clifford Odets, Ernest Lehman y Mackendrick, se encuentra dominada por sus grandes actuaciones y el buen reparto. El Dulce Aroma del Éxito está encabezada por un inmenso Lancaster y Curtis. Burst Lancaster una vez más nos ofrece una actuación perfecta. Bajo la piel del desalmado J. J. Hunsecker, Lancaster nos otorga un frío acercamiento hacia un ser de creencias fuertes e inapelables, cuyo interés se ve centrado en su persona y como puede dominar todo aquello que le rodea. Junto a él, Curtis nos ofrece su redención de Sidney Falco, un escurridizo agente de prensa que se va convirtiendo en lo que más odia pero que a la vez anhela. Alejado de las usuales comedias, Curtis es un natural en el drama y en esta suerte de antihéroe/villano es exquisito. A ellos se acoplan el genial cuerpo de actores secundarios que enlazan los detalles con brillantez. Su participación solamente refuerza la atmósfera enrarecida del filme creando personajes redondos y provocando historias efímeras que asientan aún más el vigor de la película.





El Dulce Aroma del Éxito fue basada en la vida de Walter Winchell, un periodista de mala reputación debido a sus excesos y la insistencia de ensuciar el nombre de personajes que los creyera rivales políticos o sociales. La película además de no ser popular en su momento, tuvo muchos problemas en su concepción, desde una autoría muy libre en el guión, siendo Clifford Odets quien trabajó con el producto terminado y quien transformaría todo desde cero. A ello, los problemas de Mackendrick con los productores, quienes ya habían cancelado su primer filme y con los cuales era difícil de armonizar solamente añadían más tensión. Lancaster tampoco fue un actor, y productor a la vez, con el cual se podía llegar a muchos acuerdos. La pobre recepción de la película, a pesar que algunos críticos la alabaron, solamente empeoraron estos temas, haciendo que El Dulce Aroma del Éxito perdiera su brillo inicial. Debido a su fotografía y a su escenografía en Nueva York la película se ha convertido también en una propuesta cultural denotando todos los lugares antiguos de la ciudad y su cambio durante los años.





Datos.

Título Original: Sweet Smell of Success
Dirección: Alexander Mackendrick
Año: 1957
País: Estados Unidos
Intérpretes: Burt Lancaster, Tony Curtis, Susan Harrison, Martin Milner, Sam Levene, Chico Hamilton, Emile Meyer, Barbara Nichols, Jeff Donell, Joe Frisco, Edith Atwater
Duración: 96 min.

sábado, 14 de marzo de 2015


LA PALABRA




Intro.

Eres un Dios cuando estás en tu esplendor y eres un ser humano cuando simplemente no puedes contener tus problemas y caes en lágrimas. Eres un Dios cuando todo aquello y todo aquel no puede tocarte. Eres un Dios para algunos y otros simplemente desconocen tu existencia. Pero eres un Dios ahora que puedes producir milagros que se transforman en ajenas sonrisas.





Cuerpo.

Carl Theodor Dreyer es un pionero y un teórico del séptimo arte. Es considerado uno de los más grandes directores de cine y ello se lo ha ganado por su increíble talento para configurar temas complejos en la gran pantalla. Dreyer empezó su etapa muda con humildes entregas, de algún interés pero nada exactamente relevante hasta La Pasión de Juan de Arco (1928). Este filme sería uno de los más grandes ejemplos de hacer cine con esquemas silentes, y a la vez sería un fracaso comercial y estaría archivada, oculta hasta creerse perdida. Lo mismo ocurriría con su siguiente filme, Vampyr (1932). Ahora estos dos filmes son vistos como obras totales del cine mudo que califican a Dreyer como un maestro delicado y detallista, no amedrentado por los estudios o presupuestos y que utilizó su propia visión para incorporar el arte en su cine. Pasarían más de diez años para que Dreyer volviera a hacer otro filme.





Dreyer volvió al cine con Día de Furia (1943), proponiendo temas existenciales y religiosos como parte de su nueva composición y por lo cual sería aclamado y repuesto en el estatuto de los grandes directores. Aún así, sus obras seguían siendo controversiales y censuradas en algunos países. Doce años después, el director danés crearía La Palabra, imponiendo aún más su condición de un constructor estético y de un paria del cine, cuya labor es un himno individual a todo aquello que afecta a la psicología humana pero que se esconde en los silencios de nuestra mente. Dreyer terminaría su carrera en 1964 con Gertrud, aún continuando con las problemáticas existencialistas que tanto lo acompañaron en su carrera. Cuatro años después, Dreyer sucumbiría a la edad de 79 años.





La Palabra es el único filme de Dreyer en ser aceptado tanto por público como por crítica logrando establecerse como un verdadero triunfo en su carrera. La Palabra ganaría, entre otros premios, el León de Oro en el Festival de Venecia y se convertiría en la película más esencial de Dreyer acompañada por el redescubrimiento de sus obras silentes. La Palabra sería creada después de mucho conflicto económico. Dreyer no pudo encontrar financiamiento para sus trabajos y fue gracias a la colaboración de Dagmar Bio, una cinemateca de Copenhage, a través de la cual podría hacer su película. La historia fue tomada de una obra teatral de Kaj Munk, En un Principio era la Palabra. Munk era un cura luterano quien había vendido los derechos para su versión cinematográfica de 1943.





La versión de Dreyer buscó respetar los elementos principales de la obra, pero impondría su visión para adaptarlo a sus estructuras cinematográficas. El director danés redujo el dialógo a lo más esencial, transformando el ambiente a algo más dominado por la quietud y el silencio, en donde los actores debían ser parte de la escenografía y cuyos movimientos no se establecían más que en el universo de Dreyer. A ello, se sumaba su elección por el vestuario, la poca necesidad del maquillaje y su indiferencia hacia las convenciones de la iluminación, en donde su habilidad para el cálculo de como se debe manejar la presentación de los ambientes era totalmente precisa. Se dice que Dreyer era un maestro de los tiempos y de los espacios, sorprendiendo a muchos de sus técnicos a la hora del rodaje.





La Palabra es una propuesta de fe. La ambientación de Dreyer, como sucedió en la claustrofóbica La Pasión de Juana de Arco o en la terrorífica Vampyr, es una proposición de como normalizar un conflicto humano en todos sus términos a nuestras dudas y la confrontación en cuanto a la fe. Las diferentes aristas manejadas por cada personaje nos muestra una evolución del ser humano y como sus creencias han perpetrado sobre la lógica y sobre la sensibilidad humana. Solamente expuesto ante el peor de los castigos, o ante la contemplación de lo imposible, el ser humano es una vez más una persona sin complejos y sin motivaciones personales, transformándose en parte de la naturaleza y como esta se desarrolla sin la necesidad de toda esa lógica que nos mantiene en márgenes establecidos. La Palabra es el ejemplo mordaz del cine pensado, serio y esquematizado como arte antes de cualquier otro impulso, y Dreyer como su constructor, es un director exquisito cuyo paso por el cine es invaluable, manteniendo su influencia a posteriores generaciones.






Datos.

Título Original: Ordet
Dirección: Carl Theodor Dreyer
Año: 1955
País: Dinamarca
Intérpretes: Gerda Nielsen, Sylvia Eckhausen, Ejner Federspiel, Emil Hass Christensen, Susanne Rud, Ann Elisabeth Rud, Preden Lerdorff Rye, Henrik Malberg, Ove Rud
Duración: 126 min.

viernes, 6 de marzo de 2015


LA BANDERA





Intro.

Huyes. Huyes dentro de tu propia habitación cuando tratas de escribir unas palabras. Simples palabras que expliquen quién eres o porqué huyes. Pero no puedes. Tu mano tiembla y no sabes como colocar la expresión en tu rostro en un pedazo de papel. Entonces, simplemente giras y encuentras tu angustia en un espejo y simplemente no existen mayores palabras, simplemente huyes.






Cuerpo.

No tan emblemático como Jean Renoir o Marcel Carné, el director Julien Duvivier supo imprimir en sus películas ese toque personal distintivo que era necesario dentro del realismo poético de Francia a mediados de los años treinta. Sus películas han mantenido esa firma inconfundible de Duvivier como creador de tragedias dentro de la corriente que no se puede comparar. Sin una necesidad de afianzar la estética en demasía o el enfoque nostálgico, Duvivier mantuvo un entorno mágico con características propias basadas en la fotografía, aspectos técnicos y las características de la corriente. De una carrera bastante lograda en esos años, la guerra obligó a Duvivier a emigrar a Estados Unidos donde pudo cumplir con entregas interesantes pero bastante modestas. A su retorno a Francia, esa tónica se mantuvo combinando algunas comedias de taquilla con dramas de bajo relieve pero muy interesantes. Sus películas más logradas provienen del realismo poético como  La Bandera, La Belle Équipe (1936) y Pépé le Moko (1937).





Una vez más, Jean Gabin se coloca el traje de héroe trágico quien debe combatir con una realidad que le es totalmente amenazante. Sería Duvivier en 1934 con su película Maria Chapdelaine quien le daría su primer triunfo en las películas habladas (la transición del cine mudo no fue una dificultad para Gabin), luego de ser parte de decenas de películas como actor secundario. Seguidamente, Duvivier lo haría parte de sus entregas La Belle Équipe y Pépé le Moko. Estos serían los años de un crecimiento paulatino de Gabin que llegarían a su punto culminante en 1937, no solamente con Pépé, de gran triunfo internacional, sino más aún con La Gran Ilusión, haciendo de Gabin uno de los más grandes actores franceses de su tiempo. Esto solo era el comienzo de la cúspide de Gabin que llegaría a convertirse en uno de los actores más grandes de la historia de Francia.





A Gabin se une como protagonista la bella Annabella. La recordada esposa de Tyrone Power tuvo interesantes papeles secundarios desde el cine mudo en Francia, llegando a encontrar popularidad con El Millón (1931) de René Clair. Sus apariciones eran esporádicas pero muy recordadas. En Estados Unidos su suerte fue variable, siendo su matrimonio con Power un problema con el productor Darryl Zanuck, quien bloqueó muchos proyectos para ella. En La Bandera también actúan un grupo de actores muy conocidos y populares para el medio francés que siempre acompañaban a los actores principales en este tipo de producciones. Nombres como Robert le Vigan, Raymond Aimos, Pierre Renoir o Gaston Modot eran muy conocidos en el medio y gozaban de gran popularidad por ser actores de carácter que imprimían en el realismo poético gran detalle y profesionalismo.





La Bandera es un producto que combina aquellos elementos indispensables de esta corriente: la realidad que suele colocar a los personajes en calles sin salidas y obligándolos a tomar decisiones equivocadas, posteriormente aparece ese sueño esperanzador siempre producido por el amor que nos hace creer en algo mucho más grande que cualquier realidad y el trágico final que es parte de las características de un personaje mucho mayor que su historia y que forma parte de esos héroes que recordaremos siempre. Si bien es un mecanismo aprendido, la capacidad de los realizadores para demostrar todas las variantes e imprimir su firma personal hacen de estas películas grandes entregas. En el caso de La Bandera mucho más interesante por ser uno de los primeros ejemplos de la corriente, algo que se estaría forjando con mayor fuerza entrando a los años cuarenta. Además La Bandera es el marco referencial de lo que Duvivier exploraría con mayor detalle en La Belle Équipe y Pépé le Moko, insinuando ya cierta maestría, que estaría acompañada por la cinematografía del dúo de Jules Kruger y Marc Fossard.






Datos.

Título Original: La Bandera
Dirección: Julien Duvivier
Año: 1935
País: Francia
Intérpretes: Jean Gabin, Annabella, Robert le Vigan, Raymond Aimos, Pierre Renoir, Gaston Modot, Margo Lion, Charles Granval, Reine Paulet, Viviane Romance
Duración: 96 min.