domingo, 30 de diciembre de 2012


FRESAS SALVAJES
 

 

Intro.

En la soledad de una habitación, todos nuestros años incrementan las preguntas. Los niños son fotografías arrugadas en una especie de libro. Los ancianos son un recuerdo cada vez más imprescindible. Los movimientos quieren cobrar sentido pero siguen el monótono juego de querer ser algo sin poder serlo realmente. Las raíces crecen y mueren, salen a la luz y mueren y nos preguntamos sobre el tiempo, sobre cuantos segundos más podemos seguir escribiendo sobre nuestras vidas hasta que lleguemos al final. ¿Cómo podemos ser diferentes cuando no podemos saber qué es la igualdad? ¿Cómo podemos seguir siendo cuando el sabor de fresas salvajes se mantiene en nuestras bocas toda la vida y eso es lo único que sabemos probar y disfrutar? ¿Cómo podemos llegar a envejecer así? Te pido una respuesta a mis tantas preguntas porque sé que solo hay una respuesta y tú la tienes rondando entre tantas películas.

 





Cuerpo.

Ingmar Bergman es el representante total del cine sueco. El director sueco cambiaría la forma de ver el cine en su país y pese a tener un importante desarrollo en la etapa muda, el cine sueco había caído en un limbo con ciertas entradas de moderada importancia hasta la llegada de Ingmar Bergman. Con un grupo reconocido de colaboradores y actores, Bergman formó paulatinamente un cuerpo de trabajo basado en su propia técnica y desarrollando temáticas que se repetirían y transformarían durante toda su carrera como la condición humana, el miedo a la muerte, la soledad, el paso del tiempo, entre otras que parecían poner en jaque el espíritu humano. A mediados de los años cuarenta comenzaría con su carrera como director y escritor, con discretos y contados logros, pero que formarían la antesala de 1957. En dicho año, Bergman asombraría al mundo con la realización de El Séptimo Sello, una película  magnífica que despliega toda su creatividad así como las temáticas antes mencionadas. A partir de ella, Bergman construye su propia imagen y rápidamente su fama se vería incrementada ya que ese mismo año realizaría otra obra maestra que en todos los sentidos es un clásico: Las Fresas Salvajes.

 


 

En un solo año, Ingmar Bergman lograría aportar para su país y para el cine mundial una nueva forma de ver y de crear arte. Ambas películas se proclamarían como grandes muestras de arte e individualmente lograron cimentar el genio de Bergman llevando a múltiples reinterpretaciones, estudios y siendo aclamado por sus pares, entre ellos, y el más notorio, sería Andrei Tarkovsky, el genio ruso, con el cual tendría un intercambio de halagos, siendo ambos unos maestros en cuanto a la composición de sus filmes. Las Fresas Salvajes parte como una vuelta a la niñez de Bergman, como una exploración de su pasado y la incisiva temática del pasado como influencia directa al presente y como la historia familiar se repite a través de las generaciones. Así mismo, el tema de la soledad humana y su confrontación con su existencia forma parte de esa gran angustia humana que ataca a un hombre viejo, y también como sus errores de juventud forman parte del presente dentro de sus vástagos y demás contextos. Para ello, Bergman contó con su grupo habitual de actores y con el apoyo de uno de sus mentores: Victor Sjöström.

 
 
 
 

Victor Sjöström fue un gran director sueco del cine mudo, uno de los más reconocidos de su tiempo y creador del clásico La Carreta Fantasma, entre otras grandes piezas artísticas. Esta etapa sería su fortaleza desvaneciéndose a finales de los años treinta y dedicándose enteramente a la actuación teatral. Bergman lo tendría como ídolo total en su juventud y ante una primera colaboración (Hacia la Felicidad, 1950), Bergman lo utilizaría en lo que sería su último rol. Con 78 años, Sjöström encarnó al profesor Isak Borg, en lo que es su papel más importante. La filmación fue muy difícil, siendo Sjöström un constante problema debido a su edad, su falta de memoria para con los diálogos y su horario escaso. Bergman tuvo un tiempo difícil para tratar con él y tuvo que hacer varias concesiones para lograr terminar la filmación. En cualquier caso, ambos se llevaban bien desde el aspecto artístico, pudiendo intercambiar pareceres y contemplando el filme como una oportunidad de recrear algo de arte. La primera parte de Las Fresas Salvajes contiene muchas reminiscencias de La Carreta Fantasma, enfatizando la importancia no solo de Sjöström, sino de todo el cine mudo sueco de calidad, el cual Bergman conocía a la perfección.

 
 
 
 

La película es el sencillo viaje de un hombre viejo hacia una premiación mientras entre sus sueños y recuerdos encuentra a personajes que parecían enterrados en su presente y como estos cobran vida en la realidad gracias al fortuito destino, que insiste en mostrarle como la existencia humana es en algún sentido circular y consecuente con sus actos y decisiones. En este caleidoscopio de emociones y momentos, Bergman se apoya en su gran grupo de actores, encabezados en esta oportunidad por Ingrid Thulin y Bibi Andersson. Todo el grupo de actores cumple a cabalidad con las instrucciones del maestro sueco y Bergman se esfuerza también en ellos, en proveer un diálogo nutrido a todos los actores y así recubrirlos de un simbolismo importante, enfatizando cada detalle de dichos sueños y recuerdos.

 
 
 

 
Bergman decía que la idea principal de la película provenía de poder entrar en una puerta y ver tu infancia ante ti. Poder salir y volver a tu realidad actual. Como si pudieras jugar con esas dos realidades, donde el tiempo no fuera un factor. La nostalgia impresa en el filme es el mejor aporte de Bergman: el pasado es el sensible momento que atesoramos cada vez que podemos sumergirnos en nuestros recuerdos, pero al mismo tiempo, es una señal de porqué el presente es la miseria del ser humano, porqué no podemos cambiar los hechos y cómo nuestros actos son la línea configurada por un tiempo que ya nos dejó. Todos nuestros miedos, todas nuestras incapacidades por comprender un tiempo nuevo (que paradójicamente es un paralelo de nuestro tiempo de juventud) y toda la impotencia por ser una vez más lo que fuimos: seres humanos con trascendencia, provocando cambios y siendo parte del movimiento actual, porque la ancianidad es el difícil camino de aceptar nuestros nombres como recuerdos.

 



 

Datos.

Título Original: Smultronstället
Dirección: Ingmar Bergman
Año: 1957
País: Suecia
Intérpretes: Victor Sjöström, Bibi Andersson, Ingrid Thulin, Gunnar Björnstrand, Julian Kindahl, Folke Sundquist, Björn Bjelfvenstam, Naima Wifstrand, Günnel Bronström, Gertrud Fridh, Sif Ruud, Gunnar Sjöberg, Max von Sydow, Ake Fridell, Yngve Nordwall, Per Sjöstrand, Gio Petré, Gunnel Lindblom, Maud Hansson, Ann-Marie Wiman, Eva Norée, Lena Bergman, Monica Ehrling
Duración: 91 min.

lunes, 24 de diciembre de 2012


ÉRASE UNA VEZ EN EL OESTE


 

Intro.


En un instante el silencio se convierte en balas. El olor a pólvora. La tierra sobre el rostro. Las manos preparadas. Los niños ocultándose. El viejo Oeste renaciendo. De repente muchos hombres en diferentes vestiduras complican el panorama. Todo nos revoca a escenarios diferentes, a momentos de total armonía que se encuentran en nuestra mente. Aquellos hombres en sus largos trajes ocultan sus rifles y pistolas y cuando tu visión se encuentra borrosa ya no conoces nada más. Y dentro de todo este esquema una sinfonía que promueve la nostalgia y la destrucción del simple acto de matanza en un cronometrado momento del pasado.
 



 

 
Cuerpo.

Sergio Leone comenzó su carrera cinematográfica como creador de películas épicas en Italia, la corriente de moda en esos momentos, pero sería en el western donde desembocaría toda su capacidad artística. Inspirado en los westerns americanos, sobretodo en el gran John Ford, y en los híbridos de Akira Kurosawa inspirados también por Ford, Leone crearía una trilogía, la cual es considerada entre las más populares del western: La Trilogía del Hombre sin Nombre (también conocida como La Trilogía del Dólar). Con Clint Eastwood a la cabeza de estas producciones (y siendo también su gran descubrimiento), Leone establece en los años setenta tres películas fastuosas, Por un Puñado de Dólares (1964), Por unos Dólares de Más (1965) y la ya épica El Bueno, el Malo y el Feo (1966). Estas tres películas cobrarían una importancia tremenda dentro del género y serían parte de lo que surgiría en Italia como el spaghetti western. Este subgénero se caracterizaba por ser producido y dirigido por italianos aunque muchas veces contarán con un reparto internacional. Junto a Eastwood, los nombres de Lee van Cleef y Eli Wallach tomaron una notoriedad tremenda. Después de estas tres películas, Leone contaba con una popularidad total y a pesar de decidir retirarse de los westerns fue tentado por Paramount Pictures con un presupuesto impresionante para un nuevo western. Leone buscó crear una película que se refiriera a todos los westerns americanos que lo habían inspirado en su debido momento, contando con un elenco de primera y del equipo creativo que lo había ayudado llegar a la cumbre.

 
 
 
 

Érase una Vez en el Oeste fue creada en 1968 con un elenco de lo más destacado y con una ambiciosa historia y difícil creación. Dirigida por Leone, la película contaba con un guión por parte de él y de Sergio Donati, basándose en una historia creada por el mismo Leone, Bernardo Bertolucci y Dario Argento, futuras glorias en la dirección. La cinematografía estaría a cargo de Tonino Delli Colli en uno de los más destacados y fuertes puntos de la película. Simplemente es impresionante el uso de la escenografía y el contraste birllantemente creado con los close-ups llegando a sobrepasar la fórmula aprendida en anteriores entregas. La cámara se convierte en un componente vital para contar la historia y su intensidad está apoyada en la edición y el buen uso de la cámara panorámica.  En la composición musical encontramos al monstruo que responde al nombre de Ennio Morricone, uno de los talentos más grandes que haya existido en su rubro. Morricone crea en esta película las composiciones más famosas de su carrera. La intensidad de dicho tratamiento, así como la variedad y la precisión empleada por el maestro italiano. Morricone rápidamente hizo un nombre propio dentro del mundo del cine, sobre pasando el medio y siendo totalmente reconocido por su capacidad y su maestría en cada composición.

 


 
En el reparto, Leone no escatimo en contar con lo mejor. La oferta de Paramount incluía al gran Henry Fonda (el actor preferido de Leone durante toda su vida), quien a pesar de no estar dispuesto y cansado de formar parte de westerns con una imagen ya formada, fue convencido por Leone al darle el papel de villano, algo totalmente impensado dado la carrera de Fonda y su asociación con los personajes heroicos. Fonda aceptó después de recibir una carta en donde Leone le describía una escena en donde debía imaginar la expectativa de la gente al ver la muerte de un niño y darse cuenta que el rostro del villano era Henry Fonda. Para su contraparte, Leone quiso contar con Clint Eastwood, pero este rechazó la oferta, para lo cual llamaría a Charles Bronson, un conocido también del género. A ellos se sumaría Jason Robards como el antihéroe y la sensual Claudia Cardinale como la belleza de turno. Junto a ellos, muchos conocidos del western y que también aparecerían en algunas cintas de Leone como Gabriele Ferzetti, Woody Strode, Jack Elam, Paolo Stoppa, Keenan Wynn, entre otros. Leone insistió con Eastwood, van Cleef y Wallach para ser parte de la introducción de la película pero tampoco pudo contar con ellos en esta oportunidad. Leone había desarrollado la historia de manera tal que se convertiría en uno de los más grandes westerns de todos los tiempos.

 
 
 
 

Uno de los grandes encantos de Érase una Vez en el Oeste proviene de las referencias al género. Leone ideó la película como un homenaje a todas las películas de western que había amado y que habían influenciado en él durante su juventud. Se estima que hay alrededor de treinta películas de las cuales se hace referencia en la obra de Leone. Desde nombres, vestimentas, situaciones, escenas toma por toma, Érase una Vez en el Oeste no solo nos plantea un guión de excelente calidad sino también de una precisión y detallismo por mantener un idealismo del subgénero del spaghetti western, logrando en realidad la mejor entrada y saliendo de dichas estructuras para convertirse en uno de los más grandes hitos dentro del mundo del cine. Y es así, ya que Érase una Vez en el Oeste es considerada como una de las más grandes películas hechas, debido a su complejidad y su estética. La película no fue bien vista en Estados Unidos en su estreno, lo que conllevó a recortes y poca distribución, aunque en Europa si fue totalmente aclamada logrando que Leone se convierta una vez más en el centro de un movimiento y un realizador de firma propia.

 
 
 
 

Muchas curiosidades y muchos detalles hacen de la película única. La composición, ya antes tratada por Leone, del héroe, el villano y el antihéroe cómico, fielmente tratada en El Bueno, el Malo y el Feo repite la fórmula de concentrarse en estos tres personajes y rendirles su propio espacio a partir de una partitura incomparable del maestro Morricone y de la sincronización de estos tres momentos. Ello se conjuga con la idea central de sus guionistas: una nostalgia del western en el sentido de una última obra sobre el tema por parte de Leone. Así, los cambios mostrados, de cómo los personajes perciben el adiós al viejo oeste y la entrada de una nueva generación busca enfocar un último esquema  hacia el tema, hacia los héroes inmortales, desde John Wayne y sus seguidores, a John Ford y el restablecimiento de un género, a los seguidores de Ford y sus aportes fundamentales, porque en realidad el western a los finales de los sesenta se plantea como un género moribundo, con un último realce con los western realistas y violentos de los sesenta, pero solamente para desaparecer y dejar de ser el gran género que identificó a una nación y que logró crear verdaderas obras de arte.

 





Datos.

Título Original: C’era una Volta il West
Dirección: Sergio Leone
Año: 1968
País: Italia
Intérpretes: Charles Bronson, Henry Fonda, Jason Robards, Claudia Cardinale, Gabriele Ferzetti, Paolo Stoppa, Woody Strode, Jack Elam, Keenan Wynn, Frank Wolff, Lionel Stander, Al Mulock
Duración: 45 min.

sábado, 22 de diciembre de 2012


EL TESTAMENTO DEL DR. MABUSE


Intro.

En un mundo repleto de oscuridad es muy fácil desaparecer. Doblar en la esquina equivocada, hacer la pregunta errónea o encontrarse con una persona que no debemos. En cualquier caso, todos estamos advertidos. Es cuestión de bajar la mirada y no cuestionarnos más de lo que debemos. Es cuestión de caminar de frente, directo hacia nuestros hogares y dormir como si cerrar los ojos fuera suficiente. No podemos seguir inventando palabras para todo aquello que ya tiene conceptos negativos, no podemos seguir encontrando caretas en el suelo para ocultar nuestro rostro. En algún momento y en alguna forma, cuando hayamos desaparecido, nuestro verdadero nombre debe quedar inscrito en el papel que revela la verdad, toda la verdad sobre la miseria humana.




Cuerpo.

Fritz Lang era considerado un genio del cine mudo. El Doctor Mabuse, Los Nibelungos, Metrópolis, fueron algunas de sus más grandes obras durante esta etapa. Al entrar en la etapa hablada, Lang decidió mantenerse con un leve acompañamiento del sonido y utilizarlo de la mejor forma posible. Su primera incursión en este medio sería a través de M, El Vampiro de Düsseldorf. La película sería un éxito y Lang continuaría siendo considerado uno de los más grandes directores alemanes de su época. Sus mejores películas provenían de su asociación con su esposa Thea von Harbou, quien era la guionista de sus obras más célebres. Esta colaboración los llevaría a la cúspide y de 1921 a 1933 ambos serían parte de todas las producciones. El Testamento del Dr. Mabuse formaría parte de esta etapa pero el tiempo donde fue creada haría peligrar no solamente su concepción y distribución, sino también marcaría el final de tan formidable dupla.


El Testamento del Dr. Mabuse se desarrolla a partir del legado de su cine mudo. El Doctor Mabuse fue una película de Lang dirigida en 1922, con guión de Lang, von Harbou y Norbert Jacques. Este último fue el novelista creador del personaje de Mabuse y en cuya persona Lang tenía una gran confianza y respeto. Jacques escribió una serie de libros sobre Mabuse, incluyendo La Colonia de Mabuse. Fue en estos momentos de la futura novela que Lang quiso hacer una segunda película sobre el personaje y tomó la idea de Jacques, quien utilizó la incorporación de una villana, quien a partir de los escritos de Mabuse retomaba la línea del infame personaje. Lang y von Harbou tomaron dicha referencia para crear su segunda película hablada y la segunda parte de Mabuse. Para ello, buscaron a sus habituales actores, volviendo Rudolf Klein-Rogge bajo la piel del perverso villano e incorporando al inspector Lohmann de su destacada película M, El Vampiro de Düsseldorf en la piel de Otto Wernicke. Muchos de los demás actores ya habían aparecido en varias producciones de Lang y pueden ser reconocidos fácilmente en roles menores de otras películas.


La filmación de la película comenzaría a finales de 1932 y comienzos de 1933. Es en ese año cuando el nazismo se encumbra en el poder y Hitler asigna a Joseph Goebbels como Ministro de Propaganda. La película de Lang era un ataque directo al nazismo, camuflando en la historia de Mabuse el real sentido de denuncia en contra de un poder que buscaba parametrarlos y quitarles su capacidad de expresión. Goebbels era consciente de la capacidad e influencia de Lang, y buscó a él y a otros realizadores y actores como directos responsables de la futura propaganda nazi. El Testamento del Dr. Mabuse era un evidente signo del desprecio del nazismo y sus tácticas. Goebbels retrasó su distribución tratando de eliminar la película. En esos tiempos de primeras inspecciones del cine hablado el costo de doblar una película era exorbitante, prácticamente imposible. El estilo era volver hacer la misma película con diferentes actores y en otro idioma. Lang contó con algunos de los actores de la versión original e hizo una nueva versión en francés. Esta versión ayudó a su internacionalización ante la falta de apoyo de Goebbels. Lang dio cuenta de las pocas probabilidades que tendría para desarrollarse como cineasta y decidió paulatinamente huir de Alemania. Lamentablemente su esposa Thea von Harbou era una partidaria nazi decidiéndose quedar para apoyar a su partido y así, rompieron con su matrimonio y su colaboración artística.


El Testamento del Dr. Mabuse es una soberbia película en cuanto a su construcción y su mensaje. La sutil sugerencia del terror a partir de una ideología es la muestra más clara del transfondo político que vive Lang. El uso de efectos especiales que nos hablan más de una existencia alejada de la gente común pone en tela de juicio el uso desmedido del poder por parte de Hitler y compañía. A pesar que Lang en sus posteriores años relataba el proceso de manera muy novelesca, con incongruencias temporales y demás, es cierto la necesidad de Goebbels y del partido nazi por destruir toda aquella propaganda que siquiera resaltara ambigüedades con respecto a ellos y El Testamento del Dr. Mabuse en clara alusión al futuro incierto de su país era un fastidio, más aún si consideraban que Lang ya era un director de prestigio total internacionalmente. Lang abandonaría Alemania dirigiéndose a Francia para de allí emigrar a los Estados Unidos. Allí comenzó una etapa de películas fructíferas, aunque debido al entorno político y social, de menor severidad en cuanto a las polémicas del hombre frente a la sociedad, el poder económico, entre otros temas. De esta etapa se rescata bastante su incursión en el film noir y su gran manejo de diversas personalidades en la actuación.





Datos.

Título Original: Das Testament des Dr. Mabuse
Dirección: Fritz Lang
Año: 1933
País: Alemania
Intérpretes: Rudolf Klein-Rogge, Otto Wernicke, Karl Meixner, Oscar Beregi Sr., Theodor Loos, Gustav Diessl, Wera Liessem, Rudolf Schündler, Oskar Höcker, Theo Lingen, Hadrian Maria Netto, Camilla Spira, Georg John
Duración: 124 min.

sábado, 15 de diciembre de 2012


JEZEBEL



 
Intro.


Nuestra manera de ser. Nuestra manera de movernos en los espacios. Nuestra manera de observar la vida y de danzar a través de ella… como cisnes esperando el dulce llamado de la muerte. Nuestra única manera de ser, con un traje rojo escotado, arrojando palabras que no se pueden pronunciar en un tiempo tan conservador. Nuestra única manera de ser, con las mejillas sonrojadas y nuestra mirada atenta hacia los inmaculados movimientos de hombres sin mayor razón que ser hombres. Nuestra única manera de ser. Nuestra manera de ser.

El movimiento de unos labios carmesí y su atenta mirada, como si pudiera calcular los movimientos ajenos. Ese simple andar elegante que desplaza a personas de habitaciones en blanco y negro, o el triste andar que destruye bosques de la imaginación. Cuando ella levanta la mirada es como si el silencio fuera todo, como si pudiéramos detener el tiempo y pensar que todo es artificial: el tiempo no tiene extremos, el espacio no tiene color ni forma y todo lo demás es superfluo… solamente a través de una mirada. Y todo puede ser conquistado, todo puede ser reducido a un simple regalo que contienes en tus manos y no lo dejas caer nunca. Todo se justifica ante el ineludible sentimiento del amor. Y ahora es tiempo de amar.
 






Cuerpo.


Cuando la novela de Margaret Mitchell, Lo que el Viento se Llevó, iba a ser adaptada al cine solamente se tenía una sola persona para el papel principal: la gran e ineludible Bette Davis. El público la había elegido largamente en una encuesta nacional y muchos críticos estaban de acuerdo con la elección. Selznick, el productor del filme, estaba más dubitativo, pero Davis era la favorita del público para interpretar a Scarlet O’Hara. Tristemente la productora de Davis, Warner Bros., quería ofrecer un paquete a Metro-Goldwyn-Mayer: Errol Flynn, Bette Davis y Olivia de Havilland en los papeles estelares. Flynn era una elección más que dudosa. Para muchos era inadecuado para la parte, además de no tener buena relación con algunos personajes del medio, sobre todo Bette Davis, quien no ocultaba su aborrecimiento en contra de este. Además de Selznick prefiriendo desde un comienzo a Gable. La falta de dinero por Davis y la presión por querer incluir a Flynn en la película colmaron las expectativas de Selznick, quien rechazó todo acercamiento con dichos actores. Al final y de manera paradójica, solamente De Havilland lograría formar parte de la tan aclamada producción. Davis nunca perdonaría al estudio por ello.

 


 

Warner Bros. no encontró mejor manera de remediar su error que ofrecer a su actriz principal un papel cuyas similitudes se acercan al papel de Scarlet O’Hara: se trataba de Jezebel, la obra de Owen Davis, Sr. y adaptada por Clements Ripley, Abem Finkel, John Huston y Robert Buckner. La película resultaría ser un éxito total desde todos los puntos de vista. Davis ganaría su segundo Oscar en esta película y comenzaría una serie de películas exitosas, convirtiéndola en una de las más grandes actrices de los años cuarenta. La diva americana se convertiría en un icono de su época encontrando en su vida profesional períodos oscuros y reivindicaciones totales para finalizar como una de las más grandes actrices del séptimo arte. Bette Davis es y será una profesional en todo el sentido de la palabra. Su amor por el trabajo es una muestra viviente en cada una de sus interpretaciones, en cada uno de sus momentos de lucha contra su libertad laboral, con sus problemas emocionales y personales, y con esa extraña sensación de reconquistar lo que nunca parecía haber perdido: su grandiosidad.

 


 
Jezebel fue el consuelo de Bette Davis. La producción fue dirigida por el gran William Wyler, con el cual Davis tendría un tórrido romance en plena producción, calificándolo ella como el gran amor de su vida y la producción de Jezebel como los momentos más felices de toda su vida. Wyler era un director de clase. Siendo un realizador dentro de Hollywood, cumplía a cabalidad en mantener producciones que satisfacieran a sus jefes y público, y al mismo tiempo poder desarrollarse como un artista individual. Wyler ganaría tres Oscar en su carrera y numerosas producciones de éxito desde la etapa de los años treinta hasta finales de los cincuenta. No solo era reconocido por manejar grandes superproducciones, sino por saber conducir a estrellas a su futuro éxito, a pesar que en el procedimiento de trabajar con ellas era algo difícil lidiar.

 
 
 
 

Jezebel se desarrolla a partir del personaje de Davis, Julie Marsden, una joven sureña engreída que hace y deshace según su parecer. La película se desprende como una de las típicas superproducciones hollywoodenses de buen estilo, con grandes intérpretes y con la buena mano de un director de gran experiencia. Sus similitudes con Lo que el Viento se Llevó son difíciles de dejar notar y es que debido a las dificultades en cuanto al reparto y producción, la película de Selznick se retrasaría un año en su realización, por lo cual Jezebel lograría captar el imaginario de la audiencia, al menos antes de la salida de Lo que el Viento se Llevó, ya que esta es reconocida por su magnificiencia dentro del mundo del cine y su estatuto como el producto más genuino y colosal salido de Hollywood. Jezebel logró catapultar a Bette Davis gracias a que fue un producto explícito para ese propósito. Davis brilla de comienzo a fin e incluso la colaboración de grandes actores, como Henry Fonda y George Brent, es evidentemente entendida como todo un proceso y uso de elementos para resplandecer la figura de la blonda intérprete.

 




De los grandes logros de la película podemos señalar el buen despliegue de trajes para Davis, estéticamente dedicados por Orry-Kelly, uno de los más afamados diseñadores de Hollywood, quien trabajaría en numerosos clásicos. La película y el personaje de Davis se han convertido en una especie de legado feminista, en el aspecto de la contraposición del carácter femenino con el tiempo representado dentro del filme, destacando las agallas y las maneras por parte de la heroína, pues así termina siendo catalogada, para reconstruirse y devolver a su persona toda la capacidad de una mujer batalladora e incuestionable, a pesar que el tema central es ese exactamente. Jezebel es reconocida por eso y se mantiene como un estandarte de la mujer progresista y fuera de su tiempo. A ellos podemos agregar toques sublimes dentro de la historia con un punto de quiebre impresionante: una contraposición de vestidos con una técnica exquisita ayudado por el buen guión, que no solo resalta el gran momento de cámaras para la escena, sino la soberbia de recrear una idea inclusive cuando el technicolor no es parte del proceso. Y eso es así. Todo el esplendor de Davis en pantalla. Sin cuestionamientos, sin crítica alguna posible. Davis siendo totalmente Davis. Fin.

 
 

 

Datos.

Título Original: Jezebel
Dirección: William Wyler
Año: 1938
País: Estados Unidos
Intérpretes: Bette Davis, Henry Fonda, George Brent, Donald Crisp, Fay Bainter, Margaret Lindsay, Richard Cromwell, Henry O’Neil, Spring Byington, John Litel, Gordon Oliver, Janet Shaw, Theresa Harris, Margaret Early, Irving Pichel, Eddie Anderson
Duración: 103 min.